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Pronóstico de Tutiempo.net

Por Leandro Vesco

En el año 2012 Estela Lemes, Directora de una escuela rural entrerriana, inhaló un insecticida que era pulverizado por un avión a pocos metros del establecimiento, desde entonces sufre consecuencias neurológicas y físicas, recientemente se compróbó el nivel que tiene en el cuerpo. En mayo deberá internarse. Ni el productor sojero ni la ART se hacen cargo del tratamiento. Conocé su lucha que en breve será estrenada en un documental.

Estela Lemes nos llamó para informarnos que los análisis que se había hecho en Mar del Plata le habían dado positivo. Tiene 1.8 de clorpirifos etil en su cuerpo, un tipo de insecticida. La maestra que tuvo que trabajar rodeada de campos en los que se fumigaban con agrotóxicos desde entonces lucha para conseguir reconocimiento de aquellos que deben hacerse cargo de su costoso tratamiento. 

Desde septiembre de 2012 la directora de la Escuela Nº66 “Bartolito Mitre”, de Costa Uruguay Sur (Entre Ríos), convive con veneno en su cuerpo, producto de la fumigación ilegal. Es otra víctima más de los agrotóxicos. “Nadie me ayuda con esto, todo lo tengo que pagar yo sola”, cometa resignada Estela. En enero pasado marchó a un laboratorio de Mar del Plata, el único que hace este tipo de análisis y hace unos días recibió los resultados. 

A pesar de los resultados, la ART no le ha dado ninguna respuesta. Debe continuar con su tratamiento en un Centro de Rehabilitación en la ciudad de Galarza. Pero hace poco recibió una noticia que nadie quiere recibir: En mayo tengo que internarme, para hacer rehabilitación y hacer un tratamiento intensivo, para no llegar a sufrir una atrofia muscular. Hasta hoy nadie se hace cargo de la salud de Estela, que fue envenenada por un productor que tiene nombre y apellido. “Los herederos del campo son Paula Rippa y su hermano, el arrendatario es el Sr. Tronco y el aplicador  el Sr. Reverdito, todos estos últimos de la ciudad de Larroque” 

Las secuelas son arteras y atacan a dónde más duele. El sistema neurológico de Estela está afectado por haber inhalado el plaguicida que era pulverizado por un avion a pocos metros de la escuela donde además de ella estaban sus alumnos, quienes también han tenido secuelas. Una de las tierras más envenedas con agrotóxicos es la entrerriana. La historia de Estela es un reflejo de la realidad provincial y del interior de nuesto país, donde 28 millones de hectáreas están afectadas por la presencia de agrotóxicos.

El subdirector de la Unidad Fiscal para la Investigación de Delitos contra el Medio Ambiente le pidió al juez que interviene en la causa que continúe con la investigación. Yo pensé que la causa se cerraba, comento. 

“Nunca antes había estado tan expuesta al veneno. Ese día salí al patio, no sabía que iban a fumigar tan cerca de la escuela, y bueno… ahora tengo que lidiar con todo esto”, lamentó la docente, al tiempo que informó que si bien las fumigaciones continúan,  ahora -al menos- las realizan con aviso previo.

En mayo, como dijimos, deberá internarse. Actualmente además del problema neurológico, el alto porcentaje de insecticida que lleva en la sangre le afecta las articulaciones. Me mareo y me quedo sin aire todo el tiempo, y tengo mucho dolor en brazos y piernas“. La internación más todos los costos del tratamiento y viajes que hace lo está costeando ella, con algún aporte de Agmer y Iosper, prestadores sociales entrerrianos. La ART no da señales de vida, dice Estela. Pero también el Consejo y el Ministerio de Educación, se mantienen en silencio. La ART que se desentiende del caso es el Instituto Autárquico del Seguro. 

“La única que me ayuda en Marta Lando, la Directora Departamental” Mientras tanto, Estela tiene una mediación en mayo con los dueños del campo que fumigó cerca de la escuela. “Antes de ir a juicio, quiero mediar” A pesar de todo lo que ha pasado, sus ganas de seguir luchando permanecen intactas. Todos los días Estela va a su escuela, donde tiene a cargo 96 alumnos de jardín hasta sexto grado. “Amo mi trabajo y voy a seguir trabajando hasta el último día” 

En mayo saldrá un documental contando su caso que es emblemático, como el de tantas otras docentes rurales en el país: a principios de 2015 confirmó a través de un estudio bioquímico en el Instituto Fareis Taie, de Mar del Plata, que su organismo tiene clorpirifos etil, un órgano fosforado de clase 2 que queda depositado en la grasa perirrenal en forma permanente. En ese momento empezó su mayor desafío; por un lado, asumir la enfermedad que hoy carga como una pesada mochila y a la vez enfrentar un tratamiento médico de largo aliento en el Centro de Neurología y Recuperación Psicofísica

La Organización Mundial de la Salud (OMS)

A través de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (Iarc), dependiente de la OMS, se declaró a cinco pesticidas como cancerígenos “posibles” o “probables”. El herbicida glifosato (sustancia activa del Roundup de Monsanto, uno de los herbicidas más vendidos) y los insecticidas diazinón y malatión han sido clasificados como “probablemente cancerígenos para los humanos”.

Fuente: Revista El Federal



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