Columna de opinión

Sin policías para la ciudad, no hay razón para sostener la escuela


19 de Febrero de 2026 | Guillermo

La decisión del Gobierno Municipal de solicitar la restitución del predio donde funciona la Escuela de Formación Policial ya no es un gesto caprichoso ni una reacción política coyuntural. Es, en esencia, la consecuencia lógica de años de promesas incumplidas por parte de la Provincia y de una paciencia institucional que se agotó frente a la falta de respuestas concretas.

Desde su instalación, la sede local de la Escuela “Juan Vucetich” fue presentada como una herramienta estratégica para fortalecer la seguridad regional y, especialmente, para incrementar la presencia policial en la ciudad.

El Municipio puso a disposición infraestructura, logística y acompañamiento, demostrando una clara voluntad de cooperación interjurisdiccional. Pero el objetivo central nunca se cumplió: Pergamino no recibió el refuerzo de efectivos que justificaba semejante inversión territorial.

Durante este tiempo, el argumento de la Provincia se mantuvo inalterable: la ciudad no presenta índices delictivos alarmantes.

La afirmación de que nuestra ciudad no presenta índices criminales pavorosos suele apoyarse en comparaciones con el Conurbano bonaerense, donde los niveles de delitos violentos y complejos son significativamente más altos. En ese plano estadístico, el distrito efectivamente aparece en una situación relativa más favorable. Pero esa lectura cuantitativa no alcanza para describir el clima social que se vive en la ciudad. La inseguridad figura de manera constante entre las principales preocupaciones de los pergaminenses, impulsada por robos a viviendas a toda hora y en todo lugar -con el agravante que ahora se suman los hechos a mano armada y con planificación a los barrios privados-, hurtos reiterados, sustracción de motocicletas, arrebatos y episodios de vandalismo que afectan la vida cotidiana. No se trata de criminalidad organizada ni de cifras extraordinarias, pero sí de hechos persistentes que erosionan la sensación de tranquilidad desde hace rato.

Esa lectura política burocrática desconoce la percepción real de los vecinos, la extensión territorial del Partido y la creciente demanda social por mayor prevención y presencia policial. La seguridad no puede medirse únicamente en estadísticas frías cuando la paz cotidiana es un reclamo constante.

Es cierto que la salida de la Escuela de Formación Policial implica la pérdida de un espacio de formación y representa un retroceso simbólico en las políticas de seguridad. También es verdad que toda estructura educativa y operativa vinculada a la formación policial genera valor institucional. Pero sostener un dispositivo de tal magnitud sin contraprestación efectiva se convierte, con el paso del tiempo, en una cesión unilateral que el Estado municipal no está obligado a perpetuar.

No se trata de rechazar la formación policial ni de desentenderse del problema de la seguridad. Por el contrario, se trata de exigir responsabilidad y reciprocidad. Si la Provincia no cumple con su parte -asignar efectivos, reforzar el sistema y responder a los compromisos asumidos-, resulta razonable que el Municipio recupere un espacio que puede destinarse a otras necesidades urgentes de la comunidad.

Ya pasaron tres años. Se reclamó, se esperó y se sostuvo una estructura con la expectativa de que los resultados llegaran. Pero no llegaron. En ese contexto, la restitución del Centro Habitacional Pioneer no es una ruptura: es el cierre de una etapa marcada por la falta de voluntad política de la Provincia.

No resulta demasiado conveniente seguir sosteniendo, en soledad, una política que nunca se tradujo en beneficios concretos para los pergaminenses.

 

*El autor es periodista



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