Columna de opinión
La deuda pendiente con los bomberos
03 de Mayo de 2026 | Primera Plana
Por Guillermo Memo García
En nuestra ciudad, hay instituciones que funcionan casi como un reflejo automático de la comunidad. Están cuando se las necesita, sin especulación ni cálculo.
Los Bomberos Voluntarios son, probablemente, el ejemplo más claro de esa entrega silenciosa que sostiene la vida cotidiana. Pero hace unos años que ese modelo, sostenido durante décadas, empezó a mostrar una tensión evidente entre la vocación y la realidad.
La discusión sobre el apoyo económico del Municipio a Bomberos no es nueva. Y parece no encontrar solución en un enérgico y repetido enfrentamiento entre el propio intendente municipal y la Sociedad de Bomberos Voluntarios.
Ahora, ¿puede una ciudad seguir descansando exclusivamente en el voluntariado para una tarea tan crítica?
Nadie discute que una de las premisas básicas de este cuerpo es el voluntariado, que incluso comienza desde edades tempranas, con niños que se forman, se capacitan y avanzan en un escalafón que puede llevar años hasta alcanzar los rangos más altos. Ese recorrido no solo construye conocimiento técnico, sino también un valor intangible: la empatía de servir.
Y justamente por eso, porque ese capital humano es invaluable, es que debe ser cuidado, potenciado y también reconocido.
La propuesta desde esta nota de opinión es concreta. No crear nuevas tasas ni cargar más al contribuyente, sino readecuar partidas municipales que hoy no resultan prioritarias para construir un fondo que permita, al menos, una retribución mínima a los bomberos. No se trata de “pagar por ser solidario”, sino de compensar un esfuerzo que tiene un costo personal evidente.
El punto de equilibrio es mantener la génesis del voluntariado, pero premiar la permanencia, la experiencia y el compromiso sostenido en el tiempo.
En ese sentido, la iniciativa apunta a que la retribución comience a partir de cierta antigüedad dentro del cuartel, como una forma de reconocer a quienes ya han demostrado su vocación y, al mismo tiempo, incentivar a las nuevas generaciones.
Esa retribución deberá adoptar la forma de un ingreso mensual bajo la órbita municipal, pero no implicando burocratizar la vocación, sino institucionalizar el reconocimiento. Es, en definitiva, asumir como Estado Municipal una responsabilidad que hoy recae exclusivamente en la buena voluntad de un grupo de vecinos.
Pergamino no puede darse el lujo de naturalizar el sacrificio ajeno como si fuera un recurso infinito. La solidaridad no es inagotable cuando no encuentra respaldo. Y cuidar a quienes cuidan debería ser una prioridad política, no una discusión pendiente.
El desafío es sostener el espíritu que hizo grandes a los bomberos, pero dejar de romantizar el esfuerzo no remunerado como única opción posible. Porque reconocer también es gobernar. Y en este caso, reconocer es, simplemente, hacer justicia.
*El autor es periodista
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