Sociedad

¿Qué es de la vida de Raúl Tesone?

Más de cuatro décadas entre máquinas, alpargatas y madrugadas
12 de Julio de 2026 | Primera Plana

A las seis y media de la mañana, cuando buena parte de Pergamino todavía comienza a desperezarse, Raúl Tesone ya está en movimiento. Hace muchos años que el despertador dejó de marcar el inicio de sus días. La costumbre puede más. A las ocho abre la puerta de su taller con el mismo gesto de siempre y vuelve a encontrarse con un universo que conoce de memoria: las máquinas, el olor a goma, las herramientas y las alpargatas que desde hace más de cuatro décadas forman parte de su vida.
 
Muchas tardes también es él quien baja la persiana. Entre una escena y la otra transcurre una rutina que nunca sintió como una carga. Para Raúl, trabajar fue siempre mucho más que una obligación. Fue la manera de construir un futuro, sostener a su familia y enfrentar cada desafío que le puso la vida.
 
 
Los comienzos
 
Su historia empezó lejos del ruido de las máquinas. Nació en Francisco Ayerza, donde pasó sus primeros años junto a sus padres, Héctor y Nilda Libertad, y su hermana Nilda. La vida de campo le enseñó desde muy chico el valor del sacrificio, la responsabilidad y el compromiso. Eran tiempos en los que las enseñanzas no llegaban a través de largas conversaciones, sino observando el ejemplo de los mayores.
 
Cuando tenía apenas cinco años, la familia se trasladó a Pergamino. La casa que eligieron entonces terminaría siendo mucho más que un hogar. Allí crecería, formaría su familia y levantaría el emprendimiento que marcaría para siempre su historia.
 
Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 10, cuando muchas calles del barrio todavía eran de tierra. Al finalizar la escuela, tomó una decisión que marcaría su camino: salir a trabajar. Nunca sintió miedo frente al esfuerzo. Al contrario. Siempre entendió que el trabajo dignifica y abre puertas.
 
Antes de convertirse en fabricante de alpargatas pasó por distintos oficios. Embolsó carbón, trabajó como colectivero y desempeñó diversas tareas que le permitieron ganar experiencia y comprender que ningún empleo es pequeño cuando se realiza con responsabilidad.
 
 
El sueño de Perlita
 
Recién alrededor de los treinta años comenzó a darle forma al proyecto que terminaría ocupando gran parte de su vida. Así nació Perlita, un emprendimiento que nunca estuvo pensado para convertirse en una gran industria, sino en una fuente de trabajo construida con esfuerzo y honestidad.
 
Con el paso de los años levantó el taller junto a su casa. Casi sin darse cuenta, ambos crecieron al mismo tiempo. Entre esas paredes no solamente fabricó alpargatas y otros productos. También fue construyendo una historia familiar.
 
Junto a su esposa formó una familia y crió a sus cinco hijos: Daniel, Pablo, Alejandra, Rocío y Ruth. El tiempo llevó a cada uno por distintos caminos, aunque Pablo decidió continuar compartiendo con él el día a día del taller, aportando una nueva generación a una empresa que mantiene intactos los valores con los que nació.
 
 
Resistir siempre
 
Como tantos pequeños industriales argentinos, Raúl conoció épocas de crecimiento, pero también momentos muy difíciles.
 
Uno de los golpes más duros llegó a comienzos de los años 2000. El trabajo disminuyó, los pagos dejaron de llegar y sostener la estructura se volvió prácticamente imposible. Con enorme tristeza tuvo que reducir el personal y durante un tiempo quedó prácticamente solo.
 
Las jornadas se hicieron interminables. Fabricaba durante horas, recorría comercios ofreciendo sus productos, esperaba cobrar para volver a comprar materiales y comenzaba nuevamente al día siguiente. Nunca dejó de creer que el esfuerzo terminaría dando frutos.
 
Cuando la situación comenzó a mejorar volvió a incorporar trabajadores, convencido de que una empresa no solamente produce, sino que también genera oportunidades para otras familias.
 
A lo largo de todos estos años aprendió una enseñanza que sigue repitiendo cada vez que alguien le pregunta cuál es el secreto para mantenerse vigente: “El cliente siempre vuelve cuando uno cumple”. Una frase sencilla que resume toda una filosofía de vida.
 
 
El legado
 
Quienes conocen a Raúl Tesone coinciden en una misma definición. Hablan de un hombre sencillo, de perfil bajo, amable y trabajador. Nunca necesitó ocupar una oficina para sentirse al frente de su empresa. Su lugar siempre estuvo junto a las máquinas, observando cada detalle y compartiendo la jornada con quienes trabajan a su lado.
Fuera del taller disfruta de las cosas simples. Recuerda con afecto las épocas en las que jugaba al ping pong y hoy encuentra una enorme felicidad en su familia. Sus nietos Ignacio, Morena, Lucas, Román, Camila, Luciana, Obdulia y la pequeña Carmela, nacida hace apenas unos días, representan la continuidad de una historia construida con paciencia y perseverancia.
 
Mientras el país sigue atravesando escenarios económicos complejos, Raúl continúa apostando al trabajo diario. La experiencia acumulada durante más de cuarenta años, la confianza de sus clientes y la convicción de hacer las cosas bien siguen siendo el motor para abrir cada mañana la puerta del taller.
 
Cuando cae la tarde vuelve a bajar la persiana. Al día siguiente, casi con seguridad, repetirá el mismo ritual. No porque alguien se lo exija, sino porque esa rutina terminó convirtiéndose en una forma de vivir.
 
En una época donde muchas historias parecen medirse por el éxito inmediato, la de Raúl Tesone recuerda que existen otros caminos. Caminos hechos de madrugadas, de palabra cumplida, de sacrificio silencioso y de la decisión de no bajar nunca los brazos. Quizá por eso resulte imposible separar su nombre del taller que levantó junto a su casa. En esas paredes hay mucho más que máquinas y herramientas: hay más de cuatro décadas de trabajo, de sueños, de dificultades superadas y de una huella que, sin hacer ruido, quedó marcada para siempre en Pergamino.
 

 



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