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Murió Miguel Ignomiriello, padre de “La Tercera que Mata”, DT de la “Selección Fantasma” y uno de los grandes maestros del fútbol argentino
Tenía 99 años y fue una figura decisiva en la formación de varias generaciones de futbolistas. Además de su huella imborrable en Estudiantes, desarrolló una extensa trayectoria como entrenador en clubes de Argentina y Sudamérica. Llegó a dirigir las selecciones de Argentina.
08 de Agosto de 2026 | Primera Plana
Miguel Ignomiriello, que murió este viernes a los 99 años, es parte de la historia del fútbol argentino. Un verdadero patriarca de la dirección técnica, cuya vida comenzó cuando el juego todavía no era profesional en el país: tenía apenas cuatro años cuando, en 1931, comenzó la era rentada. Se formó con los recursos y los conocimientos de su época, fue entrenador -incluso de la Selección Argentina-y preparador físico. Pero, fundamentalmente, fue un maestro y un hombre con un don especial para detectar talentos. Mario Kempes fue uno de ellos.
A la sabiduría de Ignomiriello se le atribuye la formación de grandes equipos y generaciones de futbolistas. Su obra más reconocida fue la base del Estudiantes multicampeón de los años 60 con la famosa "Tercera que Mata", aunque también dejó una profunda huella en Rosario Central, que conquistaría sus primeros títulos poco después de su paso. Además, estuvo al frente de la Selección en parte del tortuoso recorrido de 1973, cuando la Argentina buscaba regresar a un Mundial después de la frustración de México 1970. Enrique Omar Sívori era el entrenador principal, pero Ignomiriello armó una selección alternativa, la legendaria “Selección Fantasma”, con un objetivo que terminaría cumpliendo: conseguir una victoria en la altura de Bolivia.
Miguel Ubaldo Ignomiriello nació el 11 de junio de 1927 en La Plata, la ciudad en la que inició su carrera como entrenador y donde trabajaría en sus dos grandes clubes: primero Gimnasia y, más tarde, Estudiantes.
Después de iniciarse en la preparación física, obtuvo su diploma de entrenador en 1953 y su primera experiencia al frente de un equipo mayor fue en Gimnasia y Esgrima La Plata, en 1957. Tras un paso por Arsenal de Llavallol, en 1963 asumió como entrenador y coordinador de las divisiones inferiores de Estudiantes. Allí formó la luego célebre “Tercera que Mata”, un equipo integrado por futbolistas como Juan Ramón Verón, Eduardo “Bocha” Flores, Carlos Pachamé, Oscar Malbernat, Ramón Aguirre Suárez, Alberto Poletti y Eduardo Manera, varios de los cuales se convertirían pocos años después, con Osvaldo Zubeldía como técnico, en la base del gran campeón: Metropolitano 1967, tres Copas Libertadores consecutivas entre 1968 y 1970 y la Copa Intercontinental de 1968 ante Manchester United.
Ignomiriello implementó métodos novedosos para la preparación de los futbolistas y fue un verdadero adelantado para su época: puso mayor énfasis en el trabajo físico, estableció jornadas de doble turno, concentraciones y dietas estrictas, entre otras innovaciones.
“'La Tercera que Mata’ fue la base de todo. El equipo que le ganó al Manchester United tenía 13 jugadores formados en las inferiores de Estudiantes. Nunca volví a ver un caso similar en el mundo del fútbol”, recordó años después.
Tras un paso por Platense, Ignomiriello fue convocado por Rosario Central para reorganizar sus divisiones juveniles. Su influencia, sin embargo, no se limitó a las inferiores: rápidamente se hizo cargo del primer equipo y protagonizó buenas campañas antes de que el club conquistara sus primeros títulos. Su trabajo también contribuyó a proyectar futbolistas como Aldo Pedro Poy, José Pascuttini y Alberto “Gitano” Juárez, entre otros.
Después de otro paso por Estudiantes y de dirigir a San Lorenzo -donde inició el ciclo que Juan Carlos “Toto” Lorenzo conduciría hasta el título local-, se incorporó al cuerpo técnico de la Selección Argentina para buscar la clasificación al Mundial de Alemania 1974. Colaboraba con Sívori en el seleccionado mayor y, al mismo tiempo, trabajaba con los juveniles.
Aquella aventura de la “Selección Fantasma” quedó asociada para siempre al nombre de Ignomiriello. El equipo fue armado especialmente para afrontar el partido ante Bolivia en la altura de La Paz —Aldo Poy era uno de los pocos futbolistas consagrados entre los convocados— y sus integrantes debieron atravesar toda clase de dificultades durante 45 días de adaptación entre el norte argentino y Perú. Finalmente, el 23 de septiembre de 1973, la Argentina derrotó 1-0 a Bolivia con gol de Oscar Fornari y consiguió un triunfo decisivo en el camino hacia el Mundial de Alemania.
“Como yo quería trabajar el partido con responsabilidad, porque había que ganar o ganar, armé un plantel sin figuras para que no se quejaran desde los clubes. La AFA se olvidó completamente de nosotros y por eso surgió el apodo para ese seleccionado; nadie se acordaba de nosotros. Para pagar el alojamiento y la comida, tuvimos que jugar amistosos en Jujuy y Perú. Terminamos invictos y luego de esa extensa preparación ganamos el compromiso más importante, que era el de las Eliminatorias”, contó.
De aquella singular experiencia participaron futbolistas que luego alcanzarían enorme trascendencia, como Mario Kempes y Alberto Tarantini, entre otros. Ignomiriello conservó durante décadas los recuerdos de aquella preparación: “Nos hospedábamos en Tilcara, porque el hotel internacional de La Quiaca estaba en reconstrucción. Todas las mañanas pasábamos por la Quebrada de Humahuaca para entrenar en La Quiaca. Estábamos todo el día entrenando y a la tarde volvíamos a Tilcara. Después de la primera etapa de entrenamiento en el norte argentino, bajamos a Buenos Aires y luego nos fuimos al Cuzco, Perú. Del Cuzco fuimos a Arequipa y jugábamos por dinero porque no teníamos nada; vivíamos de los partidos que hacíamos. De Arequipa nos fuimos a La Paz a establecernos. También fuimos a jugar a Oruro y Potosí”.
Ignomiriello tuvo luego una destacada trayectoria en Nacional de Montevideo, donde trabajó entre 1974 y 1976 tanto en Primera como en las divisiones juveniles. Allí también continuó desarrollando una de las grandes especialidades de su carrera: la formación de futbolistas.
Su recorrido continuó por numerosos clubes y países. Dirigió, entre otros, a Independiente, Atlético Tucumán, Bolívar de Bolivia, Unión, Vélez y varios equipos de Ecuador. En 1981 estuvo al frente de la selección ecuatoriana y, años después, se consagró campeón de la Primera B Metropolitana con Talleres de Remedios de Escalada.
Su trayectoria recibió numerosos reconocimientos. Tanto en La Plata como en Rosario fue distinguido por su aporte al deporte y, durante sus últimos años, recibió homenajes de muchos de los clubes en los que había dejado su huella, construida a partir de una combinación que atravesó toda su carrera: sabiduría, docencia y pasión por el fútbol.
Ignomiriello también fue contemporáneo de las dos grandes escuelas que marcaron al fútbol argentino durante décadas. Conoció de cerca a Carlos Bilardo y respetó a César Luis Menotti, incluso desde las diferencias. “Con Bilardo convivimos un par de años en Estudiantes: compartimos mucho porque él jugaba en Primera y yo era el técnico de la Tercera. Fue un profesional de primer nivel. Un trabajador y un ganador. ¿Menotti? Si bien vimos el fútbol de maneras distintas, le destaco el buen trato del balón; algo que hizo como jugador y que luego pregonó en sus equipos”, recordó.
Hasta sus últimos años mantuvo vivos los recuerdos de una vida atravesada por el fútbol, incluso aquellos de las leyendas que había visto jugar durante la década del 30. También evocaba con precisión su llegada a Estudiantes, el lugar donde construyó su obra más trascendente: “En marzo de 1963, Mariano Mangano me buscó para ir a Estudiantes y le transmití mi plan de trabajo. Llegué al club para aplicar 20 años de experiencia, tenía muy claro lo que quería”.
Las condiciones iniciales estaban lejos de ser ideales. “No tenía vestuarios ni cancha auxiliar para entrenar, mucho menos ropa y utilería. Pedí todo eso para poder trabajar”, contó. Con el tiempo llegaron las transformaciones: “Estudiantes fue el primer equipo del país en tener cancha auxiliar para partidos oficiales de las categorías juveniles y, además, construyó un hogar para alojarlos. Somos un club pionero en la historia del fútbol argentino”.
Ese concepto acaso resuma mejor que cualquier estadística el legado de Ignomiriello. No se limitó a dirigir equipos: construyó estructuras, formó futbolistas y enseñó una manera profesional de trabajar cuando muchas de esas prácticas todavía estaban lejos de ser habituales. Fue, antes que nada, un maestro del fútbol argentino.
La carrera de Ignomiriello
Además de trabajar en las inferiores en los conjuntos platenses, Don Miguel dirigió la Primera de Rosario Central en 1967. Luego sería cabeza de grupo de muchísimos equipos: Banfield (1970 y 1984), Chacarita Juniors (1971 y 2004), Estudiantes de La Plata (1971), San Lorenzo (1972), Nacional de Uruguay (1974-76, en Primera en 1974, después en juveniles), Independiente (1976), Atlético Tucumán (1976), Bolívar de Bolivia (1977), Unión de Santa Fe (1978), Vélez (1978), Deportivo Quito de Ecuador (1979), Emelec de Ecuador (1980), Filanbanco de Ecuador (1982), Deportivo Armenio (1984), Defensores de Cambaceres (1985-87 y 1992), Talleres de Remedios de Escalada (1987-88, campeón de Primera B Metropolitana), Douglas Haig (1994), Platense (1999), Arsenal de Sarandí (2001, coordinador de inferiores), Sportivo Italiano (2002) y La Plata FC (2004).
También entrenó a la Selección argentina en 3 partidos en 1973, mientras colaboraba con el director técnico principal, Enrique Sívori, y comandaba el equipo juvenil, del cual ya había estado a cargo en 1966, una Sub-23. Ganó la Copa Newton y obtuvo un triunfo por las Eliminatorias al Mundial 1974 frente a Bolivia en La Paz con la denominada "Selección Fantasma", un combinado nacional que en la previa se preparó en el Norte del País casi sin recursos.
"Como el catador de vinos, como la nariz para los perfumes, me considero un seleccionador, un conductor-docente. Todo lo hice con honestidad y esfuerzo. Las concentraciones, el trabajo en doble turno, los consejos, las recomendaciones. Nunca participé en un pase ni le pedí un peso a un jugador. No me llevé ni una camiseta. Esa es mi honestidad. Nadie me puede acusar de nada", cerraba Ignomiriello una entrevista con Oscar Barnade publicada en 2022, cuando cumplió 85 años.
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