Columna de opinión

Tiempo de nombres, tiempo de ideas: Pergamino frente a la repetición o el cambio


08 de Junio de 2026 | Carlos Elizalde

La publicación anticipada de tres postulantes a conducir el municipio de Pergamino vinculados al espacio de Javier Martínez —la diputada Paula Bustos, el concejal Ignacio Maiztegui y el senador Rico Zini— confirma que la carrera hacia la intendencia de 2027 ya está en marcha en Pergamino. Mostrar candidaturas sin definir un candidato único funciona como termómetro interno: permite medir reacciones, potenciar figuras y diversificar estrategias. Pero esa misma práctica exhibe un riesgo evidente: la política local puede quedar reducida a la mera sucesión de apellidos, alianzas estratégicas y dispositivos de comunicación que sustituyen profundidad por formato.

 

En el escenario descrito, la continuidad con la Unión Cívica Radical y la posibilidad de sumar sectores como La Libertad Avanza apuntan a garantizar una estructura territorial y la preservación del poder municipal. Del otro lado, las distintas vertientes peronistas deben reorganizar sus líneas y presentar propuestas que les permitan competir con posibilidades reales. Es la vieja mecánica de construcción de frentes, donde la lógica de coalición muchas veces prima sobre la revisión de contenidos programáticos. Pero el tiempo de la política solapada ya pasó; la ciudadanía exige más que un frente electoral bien armado: reclama claridad en los proyectos y transparencia en las intenciones.

 

El problema no es únicamente quiénes compiten, sino qué proponen. En la era de los videos cortos y los mensajes virales, la forma gana visibilidad con rapidez, pero esas formas pueden ser trampas si no esconden un vacío de contenido. La puesta en escena digital —con reels y breves apariciones— no puede convertirse en sustituto de diagnósticos rigurosos y planes concretos para la ciudad. Transporte, salud, empleo, planificación urbana y la calidad de los servicios públicos requieren no slogans sino políticas medibles, con metas, plazos y mecanismos claros de control ciudadano.

 

La ciudadanía pergaminense, cansada de promesas reiteradas que luego no se traducen en mejoras concretas, observa con escepticismo. Ese desinterés por lo “conocido” es un aviso: los votantes no premiarán la repetición automática de fórmulas que han demostrado limitaciones. Por eso, quienes hoy se postulan tienen una doble responsabilidad: construir acuerdos que permitan gobernabilidad y, simultáneamente, presentar innovaciones reales que rompan con prácticas clientelares, opacas o improductivas. Gobernar hoy exige creatividad institucional, transparencia fiscal y participación vecinal efectiva; no alcanza con mantener estructuras y responsables de siempre.

 

La campaña que asoma debe ser aprovechada para elevar la calidad del debate local. No se trata solo de calendarios y nombres, sino de abrir audiencias públicas, someter propuestas a evaluación técnica, comprometerse con indicadores y facilitar instancias de rendición de cuentas. Solo así la política recuperará legitimidad y mostrará que está al servicio de la comunidad y no exclusivamente de sus propias estructuras internas.

 

Si Pergamino quiere salir del círculo de la repetición, los actores locales deben transformar la ansiedad por alcanzar cargos en un impulso por explicar cómo gobernarán distinto. De lo contrario, la renovación quedará reducida a un cambio de apellidos y la desafección ciudadana seguirá creciendo, con el consiguiente riesgo de que el voto castigue la continuidad vacía y premie la novedad sin contenido. La verdadera prueba para 2027 no será quién llega, sino qué propone y cómo demuestra que puede cumplir. 

 
 


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