Columna de opinión
Javier Martínez: ¿qué proyecto queda detrás de una alianza con La Libertad Avanza?
04 de Octubre de 2026 | Carlos Elizalde
La discusión sobre una eventual alianza de Javier Martínez con La Libertad Avanza no debería concentrarse únicamente en la conveniencia electoral del acuerdo. El interrogante más importante es otro: quién conducirá el proyecto local si Martínez no puede volver a ser candidato a intendente y qué identidad, programa y autonomía tendrá el equipo que hoy encabeza.
La posibilidad de una nueva candidatura depende de una eventual modificación de la ley. Mientras esa discusión no se resuelva, el escenario obliga a mirar más allá de la figura de Martínez. Su liderazgo puede seguir siendo determinante, pero la continuidad política deberá expresarse a través de otro candidato o de un equipo capaz de representar su gestión y, al mismo tiempo, construir una propuesta propia para Pergamino.
Martínez tiene una trayectoria vinculada al PRO, experiencia de gestión municipal y un perfil de centroderecha con rasgos pragmáticos. La Libertad Avanza, en cambio, se presenta como una fuerza de ruptura con la política tradicional y sostiene una identidad libertaria más definida. La convergencia entre ambos espacios puede ser electoralmente conveniente, pero no resuelve por sí sola quién conducirá el proyecto local ni cuáles serán sus prioridades.
El primer aspecto a considerar es la sucesión. Si Martínez no puede competir nuevamente por la intendencia, deberá definir si pretende conservar el liderazgo mediante una candidatura de su espacio, si respaldará a un dirigente surgido de su equipo o si aceptará que la alianza con La Libertad Avanza imponga otro nombre.
Esa decisión será más importante que la firma de un acuerdo partidario. El candidato que encabece la propuesta deberá contar con conocimiento de la ciudad, capacidad de gestión y legitimidad propia. No alcanzará con ser el representante de Martínez ni con presentarse como el delegado local de una fuerza nacional.
El segundo aspecto es la identidad del equipo. Durante una gestión, el intendente concentra buena parte de la representación política. Pero cuando no puede volver a ser candidato, la continuidad depende de que exista una conducción colectiva, con funcionarios y dirigentes capaces de explicar qué se hizo, qué falta hacer y qué cambios se proponen.
La pregunta central será si el equipo de Martínez puede transformarse en un espacio político con autonomía suficiente para competir, negociar y gobernar. Una estructura demasiado dependiente de su figura puede perder fuerza cuando él deje de estar en la boleta. Pero una alianza que diluya completamente su identidad local también podría dejar a sus dirigentes sin una propuesta reconocible ante los vecinos.
A esta discusión se suma un problema que no puede ser ignorado: las actuales faltas de transparencia y la creciente distancia con el periodismo independiente. Una gestión que pretende proyectarse políticamente hacia el futuro debe explicar cómo administra los recursos públicos, cómo toma sus decisiones y qué mecanismos ofrece para que la sociedad pueda controlar sus actos.
La transparencia no puede limitarse a la publicación formal de información ni a la difusión de anuncios oficiales. También implica responder preguntas, facilitar el acceso a los expedientes, informar sobre contrataciones, licitaciones, obras, gastos y designaciones, y garantizar que los periodistas puedan consultar fuentes y funcionarios sin depender exclusivamente de la comunicación institucional del municipio.
La lejanía con el periodismo independiente debilita la calidad democrática y afecta la credibilidad de cualquier proyecto de continuidad. Cuando una gestión evita las preguntas incómodas, restringe el acceso a la información o reemplaza el diálogo con los medios por mensajes unilaterales, la ciudadanía recibe una versión incompleta de la realidad municipal.
El problema no es la existencia de una comunicación oficial. Todo gobierno tiene derecho a informar sus acciones. La dificultad aparece cuando esa comunicación pretende sustituir al periodismo, cuando se privilegia la difusión de contenidos favorables y se margina a los medios que ejercen una mirada crítica o independiente. Una alianza política que aspire a gobernar Pergamino debería comprometerse explícitamente con una relación abierta, plural y respetuosa con todos los medios.
El acuerdo con La Libertad Avanza podría ampliar la base electoral, ordenar el escenario opositor y evitar la dispersión de votos. También podría ofrecer una plataforma nacional y una identificación con el Gobierno central. Sin embargo, esa cercanía tendría costos y responsabilidades. El equipo local debería explicar qué decisiones nacionales acompaña, cuáles cuestiona y cómo defenderá los intereses de Pergamino cuando existan diferencias.
No es lo mismo compartir una boleta que asumir como propias todas las prioridades, decisiones y conflictos de La Libertad Avanza. Un acuerdo electoral puede ser amplio y flexible; un proyecto de gobierno necesita definiciones concretas.
La gestión municipal ofrece un terreno específico para esa discusión. El municipio debe ocuparse de los servicios, las obras, el mantenimiento de los espacios públicos, la seguridad urbana, el desarrollo productivo y la relación cotidiana con los vecinos. Por eso, una alianza nacional solo será consistente si se traduce en un programa local: qué obras se continuarán, cómo se financiarán los servicios, qué política tributaria se aplicará y qué lugar tendrá el sector privado en el desarrollo de la ciudad.
Martínez puede coincidir con Milei en la necesidad de ordenar las cuentas, reducir gastos innecesarios, revisar estructuras burocráticas y promover la iniciativa privada. Pero el equipo que pretenda continuar su proyecto deberá responder qué funciones municipales considera irrenunciables y cómo piensa sostenerlas.
También deberá definir si la continuidad se basará en la defensa de una gestión o en la promesa de un cambio. Si se presenta como continuidad, tendrá que asumir los logros y las críticas del gobierno de Martínez. Si se presenta como renovación, deberá explicar qué aspectos modificará y por qué. Entre esas críticas se encuentran, necesariamente, las dudas sobre la transparencia, la rendición de cuentas y el vínculo con la prensa independiente.
La diferencia de estilos también será relevante. La Libertad Avanza construyó buena parte de su identidad sobre la confrontación con la dirigencia tradicional. Martínez, en cambio, se ha mostrado más orientado a la gestión, la negociación y la construcción política. Esa diferencia puede ser complementaria, pero también puede generar tensiones dentro de una eventual alianza.
El desafío será evitar que la discusión quede reducida a la pertenencia partidaria. Pergamino necesita saber quién será el candidato, qué equipo lo acompañará y qué proyecto de ciudad defenderá. La identidad del espacio no puede depender exclusivamente de la relación personal de Martínez con otros dirigentes ni de la adhesión a consignas nacionales.
Una alianza sería más sólida si se construyera sobre compromisos explícitos: respeto por la autonomía municipal, defensa de los recursos de Pergamino, continuidad y evaluación de las obras, reglas de transparencia, acceso público a la información, una relación abierta con el periodismo independiente, una política clara sobre impuestos y servicios, seguridad urbana y desarrollo productivo.
También debería establecerse cómo se tomarán las decisiones. Si el equipo local tendrá libertad para definir sus prioridades o si quedará subordinado a una conducción externa. Si el candidato surgirá de un acuerdo entre dirigentes o de un proceso que permita reconocer su legitimidad ante los vecinos. Y si Martínez será el conductor efectivo del espacio, su principal referente o simplemente el intendente que deja una administración en marcha.
La transparencia debería formar parte de esas reglas desde el comienzo. No alcanza con prometer eficiencia o equilibrio fiscal si no se informa con claridad cómo se utilizan los recursos públicos. Tampoco alcanza con hablar de libertad si se mantiene una relación distante con quienes tienen la responsabilidad de investigar, preguntar y controlar en nombre de la sociedad.
El eje de la discusión no debería ser únicamente si Martínez se alía con La Libertad Avanza, sino qué proyecto político quedará en Pergamino si él no puede volver a ser candidato. La cuestión central será si logra convertir su liderazgo personal en una estructura con identidad, equipo, capacidad de continuidad y una cultura institucional más abierta y transparente.
Martínez puede acercarse a Milei sin convertirse necesariamente en un libertario doctrinario. Pero, si no puede competir nuevamente, deberá demostrar que su espacio puede sostenerse más allá de su nombre y que está dispuesto a corregir las falencias actuales en materia de transparencia y comunicación pública. La alianza será políticamente consistente solo si ofrece un candidato creíble, un equipo reconocible, un programa concreto para la ciudad y garantías de autonomía frente al poder nacional.
Pergamino no necesita únicamente una alianza de nombres. Necesita saber quién gobernará, con qué ideas, con qué grado de autonomía, cómo rendirá cuentas y qué relación mantendrá con el periodismo independiente cuando Javier Martínez ya no esté en la boleta.
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