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Las 6 mil ediciones de Semanario EL TIEMPO de Pergamino

A pocos meses de alcanzar los 96 años de vida, el medio se consolida entre los lectores de la ciudad por su gran trayectoria y la vocación periodística por informar la actualidad local

La edición de hoy del Semanario EL TIEMPO es la número 6 mil y al colocar tres ceros en la portada se celebra la permanencia y vigencia ininterrumpida de del reconocido medio de comunicación entre los lectores de la ciudad desde hace casi 96 años.

En 1927 un grupo de entusiastas vecinos de nuestra ciudad de extracciones políticas distintas, pero unidos por el afán comunitario y hermanados en el deseo de contribuir a engrandecer el camino pujante de nuestra ciudad, se unieron para empezar a plasmar la posibilidad de editar un medio gráfico.

Ese mismo entusiasmo persiste en los periodistas que cada semana preparan la mejor edición para llevar la actualidad local en nuestras páginas.

El conflicto que tuvo Enrique Venini con dos de sus principales colaboradores José Vela y Marino Corallini a lo largo de 1926 se puede considerar como la primera gran causa que tuvo esta empresa de la comunicación para originarse. La segunda, indudablemente, fue el apoyo de un grupo de socialistas que congeniaban con José Vela, principalmente. Entre otros estaban José Navarro, Rodolfo Di Núbila, Juan Ferrari, Antonio Noguera, Francisco Esperanza, José Di Lelle, Ismael Pastor, Alberto Almirón, Ernesto Zabala, Ernesto Conti y José Luis Zabala. Asimismo, como ya lo hemos observado, tuvo un papel de importancia la masonería constituida en la Logia Fraternidad N° 53 en esta creación, ya que los principales aportes económicos como el espacio para las primeras reuniones lo generaron hombres de esta Logia como el caso de Simón Pochat y Benigno Palacios.

Hubo desde un primer momento generosidad para llevar adelante el ideal de periodismo que se habían propuesto.

Pergamino en 1927 tenía una población en su Partido de 62 mil habitantes. Era intendente el doctor Eugenio Valentini, cuyo mandato finalizaba en diciembre de ese año.

Actuaban como concejales Raúl Abalo, quien será designado intendente para el período 1928-1929, Santiago Cerruti, Angel Godoy (presidente del Concejo Deliberante), Peralta Martínez, Pablo Torre, Ernesto Torrent, Enrique Torrent, José Carenzo, Serafín Oberti y un hombre de EL TIEMPO, Rodolfo Di Núbila, quien había ingresado por el Partido Socialista, línea política que tenían la mayoría de los hacedores del entonces diario EL TIEMPO.

Otros cargos eran ocupados por los siguientes ciudadanos: Carlos Ruíz Moreno, Juez de Paz; Moisés Marino Aguirre, secretario del Consejo Escolar; Eduardo Anolles, secretario del Concejo Deliberante; Vicente Biscayart, senador provincial; Juan O’Farrell, diputado nacional; Ildefonso Amondarain, párroco; José Yantorno, encargado de la Compañía de Electricidad; Pedro D. Bontempo, subsecretario de la Municipalidad; Alejandro Lalanne, gerente del Banco Provincia; Silverio Vázquez, secretario de la Asociación de Maestros; Pascual Godoy, presidente de la Cámara de Comercio.

La primera etapa del diario EL TIEMPO transcurre desde 1927 hasta 1945. Estuvo ubicado en toda este tiempo en Mitre y 25 de Mayo y sus teléfonos iban del 560 al 564. Debajo del título llevaba la frase “Diario de la mañana para el Norte de Buenos Aires”.

La mayor parte de sus ediciones constó de 6 páginas. Antes de finalizar esta primera etapa se logró adquirir máquinas modernas como la rotoplana que permitió acrecentar el tiraje que se imprimía perfectamente acondicionado y doblado. La razón principal que tenían para llevar adelante esta compleja tarea de publicar todos los días lo señala José Vela, claramente, al decir: “Nuestro diario fue creado en defensa de las clases populares. Ha sido en ese lugar donde hemos clavado ardientemente nuestra bandera”.

Esta etapa la podemos considerar como socialista y literaria. La primera de nuestras consideraciones la fundamentamos diciendo que esa postura política la tenían desde sus directores hasta sus empleados y la parte literaria la llevaron adelante con conocimiento y crecida sensibilidad José J. Navarro y el maestro Silverio Vázquez. Asimismo se destacaban de sobremanera las plumas de José Vela, Rodolfo Di Núbila y Carlos P. Trincavelli.

El diario recordaba a sus lectores constantemente el objetivo que tenía que era el de dar a la ciudad un órgano de expresión que interprete felizmente las inquietudes y los intereses morales, espirituales y materiales del medio en que debía actuar. Le gustaba remarcar que era una tribuna activa e insobornable.

En esta primer recorrido se destacan las noticias sobre la Guerra Civil Española, la problemática con la lecha pasteurizada, la división de la sociedad debido al conflicto entre la Cooperativa Eléctrica y la Municipalidad y la campaña realizada en contra del fraude electoral.

La crisis mundial por la Segunda Guerra de alguna manera incidió para que EL TIEMPO cerrara sus puertas el 8 de julio de 1945.

El primer número de la segunda etapa apareció el 3 de marzo 1952. Tenía en su tapa el Año 1 y el N° 1, es decir, desconocía de esa manera los 18 años anteriores, toda una historia, sumamente rica, del periodismo local.

Se decidió que fuera un periódico, eligiéndose el día lunes para su salida. La base de operaciones estuvo instalada en San Nicolás 1301. Su director será Rafael Yavícoli, quien había actuado por muchos años como linotipista de la anterior experiencia.

Una parte de esta segunda etapa estará signada por el peronismo. En el período de tiempo que va desde su nueva aparición que es desde 1951 hasta 1955, el semanario mantendrá una prudencial distancia como puede entreverse en la poca cobertura dada al fallecimiento del doctor Quijano, de Evita o en la promoción de las obras o planes del peronismo y se puede observar, como de manera subrepticia, especialmente desde la sección “En serio y en broma” o en “Lo que Pergamino necesita” deja entrever su fuerte antiperonismo.

En sus 6 páginas se encuentra el deporte como eje principal. Prueba evidente está en el hecho que en la tapa misma se incorpore las noticias del fútbol local para continuar con las carreras de automovilismo. El deporte continuaba en la contratapa. Asimismo se hace hincapié en la crónica social (viajeros, enfermos, cumpleaños, necrológicas, despedidas, bodas de plata, demostraciones, casamientos y gran espacio a las misas o noticias de la parroquia). Noticias locales y los clasificados. Esa es la estructura que mantendrá por mucho tiempo.

Por otra parte, se incorporan secciones como “La semana política”, “En serio y en broma”, “Estampas de la ciudad”, “Lo que Pergamino necesita” y se firma con seudónimos como Mocho Almada, Cardam, Bohemio y vuelve Lon Chaney que en esta oportunidad le dará vida el periodista Rodolfo Di Núbila. Por sobre todo puede entreverse en esta columna la divergencia con el gobierno al hacer contantes referencias negativas (inflación, desabastecimiento, arbitrariedades) a lo largo de 1952 y años siguientes. También es muy fina la ironía con que se refiere a los comisionados. Los títulos de sus notas prácticamente confirman lo que decimos: “La cosa está que arde”, “Apretarse el cinto”, “Esperando que salte la liebre”, “Nadie cante victoria”, “Hallar la punta de la madeja”, “Es necesaria la investigación”, “Entre entreveros”, “Así no vamos a ninguna parte”.

El periódico se ve en estos primeros números favorecido por la colaboración de Domingo Di Núbila, periodista, historiador, crítico de cine, quien introduce su columna “Hablando con las estrellas” y Saenz Samaniego sobre temas de historia argentina.

A tres años de volver a la arena, concreta lo que definió como “un esfuerzo plausible”, es decir, volver a ser diario y salir de martes a domingo. Para tal fin se alquiló un amplio local en San Nicolás 29. Se compraron máquinas modernas (una plana y tres linotipos). De esta manera el jueves 1° de abril de 1954 salió el N° 113 con 8 páginas y su viejo formato tipo sábana. En su logo se incluyó “Diario de la mañana” y aseguraban que “seguimos el camino, buscando una meta, pero desposeídos de situaciones especiales que pudieran desnaturalizar el más noble principio que inspira a quienes ya están en la brecha tratando de cubrir etapas en la dignificación de la ciudadanía.

Esta nueva aventura de salir diariamente tiene la particularidad que los trabajadores de las distintas ramas de la imprenta y del periodismo se constituyeran en cooperativa, siendo el esfuerzo de cada uno el mayor capital aportado. El nombre que tuvo fue ‘Empresa Periodística Pergamino’”.

El período de esta experiencia de ser diario fue desde el 1° de abril de 1954 hasta el 31 de diciembre de 1958 en que deja de serlo y vuelve a convertirse en el semanario, retomando el viejo ideario de ser el periódico de los lunes. En este nuevo recorrido aparece junto al título del periódico el nombre de Rafael Yavícoli como director.

El 22 de marzo de 1957 debido al costo del papel y a las dificultades para conseguir las medidas que permitían el tamaño sábana, se decide imprimirlo en el tamaño tabloide (432 X 279). A la problemática del papel se debía agregar en aumento de la mano de obra, de los materiales y una baja considerable de los avisos publicitarios. “Un sinnúmero de dificultades que es necesario sortear en la difícil misión de decir la verdad”. Pero la realidad golpea duramente haciendo que el proyecto periodístico se haga, día a día, insostenible desde todo de vista, principalmente desde lo económico. Esto hace que la cooperativa deje de funcionar y sólo la audacia y la valentía de Rafael Yavícoli hizo que EL TIEMPO siguiera su derrotero volviendo a ser el semanario de los lunes. Iniciándose esta nueva etapa el 1° de enero de 1959. 

A lo largo de la década del 60 llevará adelante en sus 6 y, en algunas oportunidades, 8 páginas el ideario propuesto desde su inicio. Entre los hechos sobresalientes a lo largo de esta década se encuentra el haber sido Yavícoli en su condición de director, socio fundador de ADEPA (una entidad creada para la defensa y promoción de la libertad de prensa, piedra fundamental del sistema democrático y republicano argentino), el protagonismo que se tuvo en la lucha contra el mal de los rastrojos, las manifestaciones en contra del golpe de estado que derrocó a Illia y el pregonar por obras para Pergamino como el edificio para el correo, para la Escuela Normal y cloacas para los barrios.

Al inicio de la década del sesenta existen algunos cambios en la diagramación pasando, por ejemplo, el título que estaba en el centro de la página al inicio de la misma y se sacaba el nombre del director. Se busca darle más dinámica incorporando más fotografías para ilustrar las notas y vistiendo los avisos publicitarios.

La tendencia conservadora puede observarse en el espacio dado al homenaje que se tributó al caudillo conservador Miguel Dávila.

El gran aumento del papel, de los insumos, del trasporte hizo que en 1970 se elevará el precio del ejemplar a 25 pesos de los cuales sólo la mitad correspondía al propietario.

Esta dura situación por la que atravesaban la totalidad de los medios gráficos hizo que desde EL TIEMPO se apoyara el proyecto de ADEPA de fabricar papel.

Antes de finalizar el año 1970 se saluda clamorosamente el fin del conflicto de la Cooperativa Eléctrica que había sido intervenida. También a lo largo de este año se dio una gran cobertura al secuestro de Aramburu como a las acciones de los Tupamaros.

En 1971 sale el periódico con 20 páginas, distribuidas en tres secciones y tiene su eje principal en el panorama sombrío existente en el país debido a los hechos de violencia. Aseguraba en sus editoriales que “es evidente que está en aplicación un programa subversive que parte de un desprecio total por las normas éticas y por el valor de la vida humana. Los atentados con explosivos, los asesinatos, los asaltos, son los recursos que se utilizan”.

La tercera etapa tiene como las anteriores diferentes momentos. Esta etapa que señalamos como “la tercera” se inicia al jubilarse Rafael Yavícoli y Víctor Bustamante en 1978, quienes alquilan al semanario.

De esta manera se conformó una sociedad entre los hermanos Merlo, Venini, Picone y Rivero para hacerse cargo del mismo. A partir de este año sale en algunos números como editores responsables: Pi, Me, Ve, Ri y, decididamente, se toma como fecha de inicio del periódico el 14 de junio de 1927.

Los nuevos socios tienen una tarea dificultosa, ya que la inflación siguió indominable. Una prueba contundente es que en enero de ese año fue del 14 por ciento y finalizará ese año con 17 por ciento. Llegando a 191 por ciento en ese año del gobierno cívico-militar.

La buena administración permitió la compra de un galpón en Merced 74 que perteneciera al empresario Carlos Couto para guardar las bobinas.

La sociedad se mantendrá hasta 1983. En este año al tener que renovarse el contrato, el periodista Pedro Rivero desistió de continuar en la sociedad. Por tal motivo en ese año ingresan entre otros Potoncio Caracciolo y Ariel Kesler.

Por su parte, José Rafael Picone además de la Administración, debía hacerse cargo de la parte de Deportes.

Son estos años del Gobierno de Alfonsín sumamente duros debido principalmente a la inflación que se llevaba los mejores esfuerzos.

En 1989 por decisión de Rafael Yavícoli, el periódico es vendido a Juan Carlos Friguglietti en 3 mil pesos. La primera medida de este nuevo dueño fue la de contratar al periodista Pedro Osvaldo Rivero a quien le ofreció la mitad de las ganancias y que fuera el director del Semanario.

La impresión del mismo comenzó a realizarse en los talleres del Diario Democracia en un principio y luego en el diario La Verdad. Esto se debía al mal estado en que se encontraban las máquinas propias de EL TIEMPO.

El 15 de junio de 1989 (año 62, número 4282) deja el tamaño sábana y adopta el tabloide. No tiene en sus primeros números fotografías, ni ilustración alguna. Asimismo su diagramación es deficiente. Ante esto se compra una computadora Apple y se contrata al diagramador Camarano para darle regularidad.

En 1992 debido a las diferencias de óptica para administrar el periódico como la necesidad de Friguglietti de continuar con su actividad de fotógrafo se concretó la venta total a Rivero.

Desde ese año hasta el fallecimiento de este periodista de raza se hará cargo del Semanario dándole una impronta que le permitirá aumentar el tiraje y convertir al semanario en “El hábito de los lunes”.

A Pedro, lo sucedió Nancy De Negri, su esposa. Desde marzo de 2001 a abril de 2014, fecha del fallecimiento de Nancy, la mujer tomó las riendas de Semanario EL TIEMPO continuando el legado de Pedro. Ella supo rodearse de periodistas y diseñadores jóvenes con mucha motivación y ávidos de innovar.

Así fue como EL TIEMPO fue el primer medio gráfico local en editar su publicación a todo color y con un diseño renovado el 24 de octubre de 2005.

Con la partida de De Negri quedó como propietaria Karina Rivero, la única hija. Ella estaba radicada en Rawson, Chubut, con su familia ejerciendo la medicina. Delegó en los empleados más antiguos la administración comercial y periodística hasta que la pandemia por COVID-19 hizo estragos por la distancia, la imposibilidad de viajar y la crisis generalizada que golpeó a la actividad de venta de diarios, semanarios y ediciones impresas de cualquier índole.

El empresario de la industria textil, Carlos Elizalde adquirió el Semanario EL TIEMPO de Pergamino en octubre del año pasado para sostener la vigencia del medio gráfico y permitir que cada lunes llegue a la casa de los lectores locales con la misma calidad periodística de toda su trayectoria de más de 95 años.

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