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Chapecoense: la vida después de la tragedia

En noviembre de 2016, un plantel casi entero murió en un accidente aéreo. Desde entonces intenta reconstruirse.

Lo escribieron muchos autores amigos del rubro, como Juan Villoro o Eduardo Galeano o Manuel Vázquez Montalbán o Eduardo Sacheri. El fútbol tiene magias y misterios. También tragedias y reconstrucciones. Hay una historia, en tal sentido, que sigue latiendo. Y seguirá, quizá, mucho más allá de la tragedia de la que nació. Eso es Chapecoense, una vida después de esas muertes tan lloradas.

Pasó hace poco menos de tres años. El 28 de noviembre de 2016, Chapecoense viajaba rumbo a Medellín, Colombia, para disputar el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana. El vuelo 2933 de la empresa LaMia  que los transportaba desde Santa Cruz de La Sierra (en Bolivia) hasta Colombia se quedó sin combustible y se estrelló en La Unión, en la región de Antioquia a pocos kilómetros de su aeropuerto.​ Fallecieron 71 de los 77 ocupantes, entre ellos 19 futbolistas, el presidente de la institución, el entrenador y casi todo el cuerpo técnico. De los 22 jugadores convocados, solo sobrevivieron tres: Jakcson Follmann (al que amputaron su pierna derecha), Alan Ruschel y Neto.

El día después de aquel vuelo con desenlace dramático ofreció escenas que todavía parecen estar ahí. Un chico, con sus no más de once años, llorando solo, sentado en una de las tribunas del Arena Condá, en el atardecer de Chapecó, se convirtió en el retrato de la desolación. La imagen se hizo portada de diarios del mundo y tuvo recorrido viral en las redes sociales. En las lágrimas del pibe estaban contados los fallecidos y los dolores de los vivos. En su silencio y en todo el silencio que lo acompañaba también habitaban otras dos sensaciones: la del homenaje a los campeones sin final -Atlético Nacional, el mejor equipo de entonces, cedió la conquista- y la del vacío por la ausencia irreparable.

.Iván Tozzo era el vicepresidente del club en aquellos días en los que sólo cabían despojos en esos cuerpos. Lo dijo desde su tristeza sin fin: “Debemos honrar la memoria de todos ellos”. No estuvo sólo en la búsqueda desde entonces y más allá de cuestiones internas.  Lo acompañaron los poco más de 200.000 habitantes de esa ciudad del oeste del estado Santa Catarina, que se movilizaron de modo conmovedor en nombre de colaborar con O Furaçao, ese club que -ahora más que nunca- es orgullo y espacio de pertenencia. Un síntoma de aquellos primeros pasos: en sólo un día se sumaron 13.000 nuevos socios.

Después del accidente, el Chapecoense afrontó el 2017 con la disputa de cinco competiciones por delante. Roto y desarmado como un rompecabezas al que le faltaban piezas disputó: Recopa Sudamericana, Copa Libertadores, Copa Suruga Bank, Campeonato Catarinense, y el Campeonato Brasileño.

Bajo el mando de Vánner Mancini, procedente del Vitoria, se contrataron más de veinte futbolistas. Contó con la colaboración de varios clubes para poder reforzarse. Alan Ruschel y Neto fueron incluidos con el primer equipo a la espera de su recuperación.

Luego de ese recorrido, El Chape -como le dicen todos bajo el cielo del inmenso Brasil- obtuvo el octavo lugar en el Campeonato local, a través del cual se clasificó a la Copa Libertadores 2018 por primera vez en su historia a través de la máxima competición de los pentacampeones del mundo. 

La última campaña, también en la Serie A, terminó en el puesto 14. Y en la Copa de Brasil llegó hasta los cuartos de final. 

“El Chape se convertirá en el equipo de todos”, contaba convencido Marcio Porto, periodista de Lance, ante la consulta de Clarín, en días recientes.Esa idea contó con apoyo inicial: los principales clubes de Brasil -impulsados por San Pablo, Santos, Corinthians y Cruzeiro- le solicitaron a la Confederación la garantía de permanencia para Chapecoense en la Seria A por tres temporadas. No hizo falta: Chapecoense pudo a su modo y manera, abrazado a la solidaridad de su gente. 

De todos modos, ahora, la lucha continúa. En el actual torneo, disputadas 14 fechas y con apenas 10 puntos, el Chapecoense se ubica en zona de descenso. Está a dos puntos del primero que está a salvo, el gigante Fluminense. De todos modos, esta gente que tanto sabe de reconstrucciones jamás se da por vencida. En eso andan. Otra vez. Como su historia manda...

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