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Cómo fue el estreno de Messi10, del Cirque du Soleil, con el crack rosarino en la platea

El nuevo espectáculo de la compañía canadiense rescata los valores y el espíritu de Lionel Messi, quien al final del show subió al escenario a agradecer. Hubo 2.500 invitados especiales. Y mucha magia circense, con guiños permanentes al fútbol. Mirá el video.

Messi10, el espectáculo sobre el genial argentino capitán del Barcelona y del seleccionado nacional, tiene todo lo que uno desearía encontrar en un show del Cirque du Soleil: vanguardia, excelencia, emoción, diversidad, colorido... Y claro, el condimento aparte de que es un show internacional, de gran despliegue sobre el -para mí y para unos cuantos- el mejor futbolista de todos los tiempos.

Es, además, el primer deportista sobre el que el Cirque monta un show. Teniendo a mano a un Michael Jordan o a cualquiera de las estrellas del hockey sobre hielo -el deporte que manda en Canadá, de donde el Cirque du Soleil es oriundo- eligieron a Lionel Messi no sólo para hacer un espectáculo, sino para transmitir sus valores.

Porque si en algo se empeña, y logra, el argumento de Messi10 es en dar a conocer los valores por los que Lionel Messi llegó a ser el ícono mundial que es: su convicción, su personalidad como para no rendirse, el apoyo en su familia y en el equipo, la priorización de los triunfos colectivos por sobre los individuales; la ruta del héroe, el camino del esfuerzo.

En la premiére mundial que se realizó este jueves 10 de octubre en el Parc del Forum de Barcelona, un parque público donde el Circo montó una carpa para 3000 personas (2.500 invitados y 500 que compraron su entrada), la excitación y la emoción empezaron temprano.

Y se potenciaron en el final del show, cuando el futbolista subió al escenario para agradecer, en medio de la ovación general.

Figuras internacionales, con fuerte presencia de las españolas y argentinas que se dieron cita, iban de la emoción a la excitación y a la alegría. Todos sabían que formaban parte de algo único, un show que llegará a la Argentina en junio de 2020 y que se verá en la Costanera Sur, pero que luego de la versión catalana y antes de llegar a nuestro país, pasará por Qatar, donde Messi también es una figura enorme y en donde se jugará el próximo mundial de fútbol.

Messi llegó acompañado de su mujer, Antonella Rocuzzo, y se fotografió con los directivos del Cirque y de Sony Music. En su paso por la alfombra frente a la prensa hizo tres paradas para las cámaras, no habló y solamente respondió con la mano cuando le pidieron un saludo para Rosario y para toda la Argentina.

De todos los famosos, la última en ingresar fue Shakira, que se ubicó en su butaca con el show ya empezado.

Yendo al espectáculo en sí, transcurre entre dos tribunas, la roja y la azul, con vistas a un campo de juego futurista, por el que desfilarán acróbatas, trapecistas, equilibristas, contorsionistas y freestylers. Y está dividido en dos tiempos de alrededor de 45 minutos, con un entretiempo de 25 (bueno, no todo es perfecto) y dirigido por un árbitro histriónico, bien en el estilo de todos los anfitriones del Cirque du Soleil, sólo que este, con pinta de latino y tarjeta fácil (amarilla o roja), se parece más a un juez de la Conmebol que a un artista del circo.

El espectáculo tiene todos los guiños futboleros posibles, desde la ola en la tribunas hasta el exhibicionista desnudo que nunca falta en un mundial (recordar Rusia 2014), claro que todo con el humor y el glamour de esta compañía canadiense.

A lo largo de los cuadros, nos parecerá natural ver a una equilibrista sobre soga pararse cabeza abajo sobre un monociclo, apoyarlo en su mandíbula y ponerse a “pedalear” (las comillas son porque lo hace con sus manos) sobre una ínfima soga, de una punta a la otra. O instalar una escalera en esa soga y quedarse de nuevo boca abajo, sosteniéndola con una mano y un pie, mientras que con su otra mano y su otro pie se mantiene en un equilibrio fenomenal.

Es que esto es lo que logra el Cirque du Soleil con sus espectáculos y que, en una analogía es lo que hace Messi con su modo de jugar al fútbol: que lo extraordinario parezca sencillo. Porque es lo más normal del mundo -viéndolo, claro, no haciéndolo- que el tipo gambetee a cinco adversarios en velocidad y la pelota termine en la red. Como es normal para estos artistas hacer jueguitos con la pelota en cualquier parte del cuerpo, mientras la pista va girando bajo de ellos todo el tiempo. Igual que esos goles que Messi nos acostumbró a verle hacer, desafiando las leyes de la física y definiendo “mal pisado”, esa pista giratoria no les da ningún tipo de estabilidad, pero a los segundos de verla, ya nos parece normal que hagan ese tipo de cosas sobre una superficie movible.

Hay mucha iconografía futbolera, muchos 10 por todas partes (una de las ideas madre de este espectáculo del Cirque du Soleil, con producción de PopArt, la misma empresa argentina que llevó a cabo #SodaCirque, el espectáculo Séptimo día sobre Soda Stereo, es que todos llevamos un 10 adentro), pero el show es más, mucho más que fútbol. Los fanáticos de Messi lo verán encantados, lo mismo que los del Circo. Y los neutrales -esos que no hinchan para ninguno de los dos equipos- lo disfrutarán también.

Deslumbra un contorsionista al que tratan de sacar del campo dos torpes camilleros, que sólo dan pie para que el tipo siga retorciendo sus huesos más allá de lo imaginable, pero con un humor y una naturalidad que otra vez nos parece sencillo dar vuelta la cabeza a lo Linda Blair en El exorcista o pasarnos las piernas por entre los brazos y caminar con las manos. Dificilísimo de explicar, vale la pena verlo.

Como el fenomenal partido que juegan dos equipos de acróbatas sobre red, con penal y protestas al árbitro incluidas. Todo en el aire, entre saltos mortales doble y triples, con disparos al arco aéreo incluido.

O el clásico número del diabolo, típico de los malabaristas del Cirque, esas dos semiesferas huecas que se tiran al aire y vuelven a atraparse con una soga, hechos a toda velocidad, pero con la particularidad de que aquí algún freestyler es capaz de devolverlo con el pie, el pecho o la rodilla.

El show promueve también inclusión y en un acto -casual o no- una de quienes nos deleitan con los típicos jueguitos es una chica con el pelo verde. Verla y pensar en la ley del aborto seguro, legal y gratuito fue una asociación instantánea, más allá de que haya sido o no predeterminado.

En cuanto a la tecnología, está aprovechada al máximo. Este show, a diferencia de los que suelen llegar a la Argentina, que tienen 10 o 15 años de recorrido, está recién creado, por lo que la diferencia tecnológica es impresionante. Como ejemplo, el cuadro en el que unos chicos simulan jugar a la Play y terminan jugando con una maquina fantástica de ultima generación.

El acróbata que representa el espíritu de Messi obviamente termina ganándole a la maquina. El mensaje de ese cuadro encierra una pregunta: ¿cómo se puede detener a Messi? Sólo poniendo pausa.

Hay un enorme pantalla digital que no es omnipresente y está usada como recurso, por eso cada vez que aparece sorprende. Ya sea para mostrar alguna animación de un gol de Messi o tomar conciencia de sus récords como para ver la analogía entre él y un león. A propósito, este es uno de los números más logrados, cuando dos acróbatas (uno toma al otro de la cintura o los pies) disfrazados de un solo león, saltan sobre pilares ínfímos en un número que muestra tanto sensibilidad artística como destreza.

La música tiene un rol fundamental. Hay canciones de cancha (un “alé alé” muy español y, en este caso, muy catalán), el famoso Seven Nation Army -original de los White Stripes- que ya es un grito del fútbol mundial y también algunas canciones de artistas argentinos que son del gusto del propio Messi y que no en vano aparecen en momentos claves de la puesta. Una de Los Cafres cierra el “primer tiempo”; Matador de Los Fabulosos Cadillacs abre el segundo y también tiene un lugar destacado Tu sin mí, de Dread Mar I, en una escenografía con sogas muy delicada y, a la vez, arriesgada.

El final, con todos los números diez de las camisetas, los papelitos cubriendo el aire y una niña ofreciéndole una pelota al mundo, es de una enorme belleza poética. Los artistas se ganan la ovación, mientras Messi y los suyos intentan -con mayor o menor éxito- contener las lágrimas.

Esto que se vivió en Barcelona solamente es el puntapié inicial de algo que va a dar la vuelta al mundo y será otro de los enormes récords a los que Lionel Messi nos acostumbró. Claro que es arte hecho y derecho y la emoción que genera es tanta o más que la de un partido de fútbol.

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