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EL TIEMPO, el papel de la verdad

Por Guillermo Memo García Por Por Guillermo Memo García | 30 de Enero de 2023

 A mediados de 1991, en su sede de calle San Nicolás al 100, la Redacción del Semanario EL TIEMPO estaba dominada por el martilleo de las máquinas de escribir y algunas nubes del humo del tabaco que se colaba entre los teclados de las “Olivetti”.

En esa época, quienes empezamos a ensayar coberturas de hechos periodísticos, mientras cursábamos los estudios secundarios y atravesábamos el proceso de resolver cómo seguir la vida después, experimentamos la apasionante vorágine de una redacción en pleno cierre.

Durante esos años, Pedro Osvaldo Rivero, siempre impecablemente vestido, oficiaba de redactor para aquellos que todavía no éramos lo suficientemente ágiles frente a las máquina de escribir.

“GG (por Guillermo García porque así firmábamos nuestras crónicas), usted siempre con la verdad. Con esa llega hasta el final y gana”, era el textual que muy pocas veces dejaba de repetir Pedro, levantando su dedo índice, buscando que quedé bien claro y escrito para siempre. 

Ese director, que luego reemplazo Nancy de Negri, Federico Dell Oso y Karina Rivero, hacía referencia a la verdad como eje del periodismo. Y ese mismo espíritu EL TIEMPO lo sostiene hace 6 mil ediciones.

Su travesía transcurrió a ritmo constante y rumbo fijo hacia el puerto de la dignidad informativa, con un sumario de renovación que comenzó hace unos pocos meses y prepara varios cambios para este año.

Es un esfuerzo empresarial y periodístico que permite seguir construyendo, en soporte papel y digital, un relato diario de la actualidad fresco, creíble y comprometido con los valores de independencia y autenticidad que guiaron desde sus orígenes al Semanario, el único medio de la ciudad que poco sufrió la revolución tecnológica por nutrir la esencia de un periodismo lugareño que permanece inalterable.

EL TIEMPO no cambió su forma de comunicar. No dejó de imprimirse ni redujo sus ediciones pese a la pandemia. No cedió a las presiones económicas de estos tiempos y sigue libre de las ataduras que conforman la dependencia de financiación que arrastran buena parte de los periódicos de papel.

Es cierto que es un momento complejo en varios planos, pero si algo significa libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.

En la impresión del ejemplar 6 mil, la independencia de EL TIEMPO sigue siendo el valor más preciado, mientras su consecución no resulta sencilla y requiere de destreza para defenderla de las amenazas constantes que la acechan.

El poder político -y económico- debe aprender y convencerse que los medios no son una herramienta en sus manos, sino el instrumento más importante para que puedan seguir desarrollando su labor de manera justa y limpia.

La libertad de prensa no existe “per se”, se conquista a diario, semana tras semana, generando nuevos desafíos que fortalecen a un medio de comunicación a punto de cumplir 96 años.  

Este camino transitado representó un aprendizaje constante, seguramente con algunos errores y tropiezos, pero con la inquebrantable voluntad de superación y el objetivo irrenunciable de hacer cada día un medio cada semana más digno.

*El autor es periodista, integrante de PRIMERA PLANA y de RADIO MAS (FM 106.7)

 

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