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Francisco habló de su posible retiro por sus problemas de salud: "No es una catástrofe. Se puede cambiar al Papa"

Lo hizo este sábado en una charla con periodistas de regreso de su viaje pastoral en Canadá. Enfatizó que no había pensado en renunciar, pero dijo que "la puerta está abierta" debido a sus limitaciones.

El papa Francisco reconoció este sábado que ya no puede viajar como solía hacerlo debido a los problemas en su rodilla que lo obliga a trasladarse en sillas de ruedas y si bien enfatizó que no pensó en renunciar, dijo que "la puerta está abierta", durante una charla con los periodistas que lo acompañaron en su viaje por Canadá.

Francisco, de 85 años, aseguró además que este viaje de una semana fue "una especie de prueba" y demostró que necesitaba reducir la velocidad y posiblemente retirarse algún día. Lo hizo durante el regreso desde el norte de Nunavut al Vaticano.

Y agregó: "No he pensado en esta posibilidad. Pero esto no quiere decir que pasado mañana no lo piense. Este viaje fue un poco el test. En este estado no se pueden hacer viajes, hay que cambiar el estilo, quizás pagar las cuentas de los viajes pendientes", reconoció.

No es la primera vez que el Papa se refiere a que si su salud lo requiere, podría seguir los pasos de su predecesor, Benedicto XVI, quien renunció en 2013 a causa del deterioro de su salud física y mental.

"No creo seguir con este ritmo"

Francisco usó una silla de ruedas, un andador y un bastón para moverse en Canadá por la lesión de los ligamentos de su rodilla derecha a principios de este año, que lo había obligado a cancelar un viaje a África programado para la primera semana de julio.

El viaje a Canadá fue difícil y contó con varios momentos en los que se lo vio claramente dolorido cuando se incorporaba de su silla de ruedas.  "No creo que pueda seguir con el mismo ritmo de viajes que antes", reconoció Francisco, a bordo del avión papal ante los periodistas. 

También explicó que aunque los médicos podrían operarlo, no lo hará porque tiene un problema con la anestesia, que lo afectó durante la operación en el colon en julio del año pasado y aún arrastra, dijo, "algunos efectos". "No se juega con la anestesia y por eso se piensa que no es conveniente (la operación)", señaló Francisco.

De todos modos, aseguró que seguirá intentando viajar "porque es una manera de estar cerca de la gente y es un modo de servir" y que tiene viajes pendientes a Sudan del Sur y a la República Democrática del Congo, para el próximo año. 

Sobre el viaje a Ucraniareiteró que quiere ir, aunque agregó: "Veremos lo que me encuentro cuando llegue a casa", en referencia al estudio del posible viaje que lleva adelante la Santa Sede y que continuará en evaluación en Roma, adonde llegó la mañana de este sábado. Y confirmó que irá a Kazajistán porque "es un viaje tranquilo", para el congreso sobre religiones que se celebrará 14 y 15 de septiembre.

Un histórico pedido de perdón

El Papa, que recorrió casi 20.000 kilómetros en menos de una semana durante su viaje a Canadá donde pidió perdón a los pueblos originarios por las atrocidades cometidas por la Iglesia católica en los internados católicos de niños.  

Francisco se dirigió a las diversas naciones nativas del territorio canadiense -las Primeras Naciones, los Métis y los Inuitdurante un discurso pronunciado en Maskwacis, en la provincia occidental de Alberta: "Pido humildemente perdón por el mal cometido por tantos cristianos contra los pueblos indígenas", dijo, reconociendo formalmente que "muchos miembros de la Iglesia" han cooperado en "la destrucción cultural y la asimilación forzada".

“Llegó hasta sus tierras nativas para decirles personalmente que estoy dolido, para implorar a Dios el perdón, la sanación y la reconciliación, para manifestarles mi cercanía, para rezar con ustedes y por ustedes. Estoy aquí, en esta tierra que, junto a una memoria antigua, custodia las cicatrices de heridas todavía abiertas", les dijo el Papa. 

"Me encuentro entre ustedes porque el primer paso de esta peregrinación penitencial es el de renovar mi pedido de perdón y decirles, de todo corazón, que estoy profundamente dolido: pido perdón por la manera en la que, lamentablemente, muchos cristianos adoptaron la mentalidad colonialista de las potencias que oprimieron a los pueblos indígenas", aseguró el Pontífice. 

"Estoy dolido. Pido perdón, en particular, por el modo en el que muchos miembros de la Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, también por medio de la indiferencia, en esos proyectos de destrucción cultural y asimilación forzada de los gobiernos de la época, que finalizaron en el sistema de las escuelas residenciales”, reflexionó.

Miles de niños de pueblos originarios fueron separados de sus familias y llevados a internados dirigidos por sacerdotes y religiosas católicos desde finales del siglo XIX y hasta la década de 1990, como parte de un programa que pretendía crear una integración cultural de los nativos con la cultura blanca gobernante.

Se calcula que unos 150.000 niños fueron llevados a 139 internados administrados por la Iglesia.

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