• cielo claro
    16° 7 de Diciembre de 2019
cosecha-de-soja-minjpg

Según la ONU, el sistema agroindustrial solamente alimenta a un 30% de la población

Del informe se desprende que el 70% de la población mundial se alimenta por los pequeños productores que no disponen de la mayoría de la biotecnología.

Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura arrojan que el sistema alimentario agroindustrial solamente alimenta a un 30% de la población del mundo y utiliza la mayoría de tierras, agua y combustibles disponibles. La agricultura industrial utiliza el 75-80% de la tierra arable y el 70% de agua de uso agrícola. 

Una de las ventajas de la siembra tradicional era que al utilizar distintas alternativas evitaba que las malezas desarrollaran resistencia a los productos. Al unificarse el uso exclusivo del glifosato se generaron biotipos, primero tolerantes que requirieron aumentar la cantidad de producto y luego resistentes. Convirtiéndose en un circuito de producción que se intensifica en el uso de los recursos naturales. Con una relación insumo-producto ineficiente, consume mucha energía en su ciclo y hace un uso desmedido de agroquímicos y fertilizantes.

Inicialmente la parcela a sembrar debe ser deforestada. La deforestación reduce las materias orgánicas del suelo, dando una erosión con pérdida de la capacidad de retención del agua. Lo que genera inundaciones de cuencas, como se ha visto a lo largo de estos años en el país. Posteriormente la aplicación del glifosato en los suelos produce la esterilización de la tierra debido a la desaparición de bacterias. Vuelve inerte a la tierra y necesitada de fertilizantes ya que impide el proceso de descomposición natural.

Los fertilizantes requieren un gran uso de energía para su fabricación. Su elaboración produce el 2% de emisiones de gases de efecto invernadero, sumadas a las emisiones que se generan cuando son aplicados al suelo, que es aún mayor. Cada 100 kilos de fertilizantes nitrogenados que se aplican al suelo, 1 kilo termina en la atmósfera como óxido nitroso, un gas 300 veces más potente que el dióxido de carbono como gas con efecto invernadero.

En los últimos años la oferta de fertilizantes nitrogenados producidos a partir de gas natural comenzó a crecer y el proceso por el que se extrae el gas natural dependerá cada vez en mayor medida del fracking o fractura hidráulica. 

El fracking pierde 60% más de gas metano que los pozos convencionales de extracción, y resulta de mayor efecto invernadero que el dióxido de carbono.

Al aumentar cada vez más la dependencia de la agricultura a los fertilizantes químicos derivados de combustibles fósiles, junto con la reciente aparición de los biocombustibles líquidos para el transporte derivados de cultivos agrícolas se han reafirmado los vínculos entre los mercados de productos agrícolas y los de productos energéticos.

Aunque se intente instalar en el imaginario social que es necesaria la forma de producción agroindustrial dependiente de la tecnología semilla transgénica-plaguicida para abastecer al mundo, no hay una sola hectárea de transgénicos que dé de comer a una de las tres mil millones de personas con hambre. 

Los alimentos se han convertido en monocultivos de soja y maíz, de los cuales la mitad de su producción se la usa para alimentar animales y el resto para biocombustibles.

El biodiesel y el bioetanol, son los dos combustibles fabricados a partir de los cultivos de maíz, soja y girasol. La palabra biocombustible genera confusión porque dota al término de connotaciones positivas que no tiene. El prefijo “bio” se utiliza para los casos en que la producción es ecológica. Lo correcto es denominarlos agro-combustibles, ya que su producción a gran escala genera un impacto ambiental y social nocivo.

La producción de los agrocombustibles entra en competencia con la de los alimentos, en cuanto a la demanda de tierras para cultivos, lo que provoca una suba en el precio que incide en la composición de la canasta básica.

La ganadería que siempre había sido practicada en rotación con la agricultura, fue desplazada hacia otros territorios con ecosistemas más frágiles. La producción masiva de soja transgénica ha impulsado una expansión de la producción de carne de manera industrial en feedlots, con graves impactos ambientales y sanitarios.

El crecimiento de las tecnologías no ha sido acompañado del conocimiento de todas sus implicancias e impactos, pero las tecnologías igual llegaron al mercado por su supuesta mayor eficiencia. El desafío actual es el de conseguir un verdadero crecimiento proveniente de una economía sostenible con el medio ambiente y la salud. 

La autora es Médica. Especialista en Medicina Familiar. Auditora de Servicios de Salud. Universidad de Buenos Aires.

Si todavía no recibís las notificaciones de PRIMERA PLANA, mandanos un Whatsapp al 2477.506005 con la palabra ALTA y pasarás a formar parte de nuestra base de datos. ¿Más fácil? Hacé click en el siguiente enlace http://bit.ly/2tCrZxJ.