• cielo claro
    11 de Agosto de 2022
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El caso de Lucas González, el adolescente asesinado por la Policía en Barracas, hace 12 años en nuestra ciudad

El crimen del adolescente ultimado por efectivos de la fuerza de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las coincidencias con el homicidio de “Carlitos” Quiróz: También jugaba al fútbol y venía de hacerlo momentos antes de morir, vivía en una zona marginal y era un inocente

El caso de la muerte del adolescente Lucas González, que por éstas horas conmociona al país, tras haber sido baleado por policías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ocurrió hace 12 años en Pergamino. Porque a Carlos Quiróz, que apenas tenía 2 años menos que Lucas, también lo mató la Policía. Y también jugaba al fútbol y tenía sus mismos sueños. Llegar a la primera de Douglas Haig y triunfar. También vivía en una zona marginal y era un inocente.

A Lucas González, que jugaba en las inferiores de Barracas Central y vivía en el Barrio San Eduardo, de Florencio Varela, lo balearon el miércoles, alrededor de las 9:30 hs. cuando junto a tres amigos, que habían ido a probarse al club, se movilizaba en un Volkswagen Suran y al detenerse en un kiosco cerca de la villa 21-24 fueron interceptados por efectivos de civil sin motivos.

La Policía dijo que los jóvenes se negaron a ser identificados, embistieron con el vehículo a dos efectivos y tras una persecución a los tiros que se extendió hasta el cruce de Alvarado y Perdriel, el futbolista fue hallado herido de dos tiros en la cabeza en el asiento del acompañante, dos de sus amigos fueron detenidos y un tercero escapó, aunque más tarde se presentó en sede policial con su madre y quedó aprehendido.

No obstante, con el correr de las horas la versión policial se desacreditó, los amigos de Lucas fueron liberados del Instituto Inchausti y los familiares de todos los jóvenes denunciaron estar ante un caso de “gatillo fácil”.

El caso tiene muchas coincidencias con el de “Carlitos” Quiróz. Porque una tarde de primavera, 12 años atrás, un encuentro de jóvenes reunidos en el habitual picadito de fútbol en el Barrio Jorge Newbery, terminó con su asesinato. El responsable fue un policía de la bonaerense. Tenía 15 años, su inocencia lo llevó a cumplir con el recado engañoso de ir a buscar un sobre a unas cuadras de donde estaban, en cercanías del Club Banco Provincia, conduciéndolo a la muerte, como lo recordó hace menos de un mes la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos Pergamino.

Al llegar al lugar que le indicaron fue abordado por un vehículo, en el que se encontraban dos agentes policiales a cargo de un operativo sobre el que no habían dado aviso a superiores ni a la Fiscalía de turno.

Daniel Alberto Fernández, bajó del auto y disparó de frente sobre “Carlitos” a la altura del cuello, dejando luego su cuerpo abandonado, que fuera hallado a los pocos minutos por un ciclista ocasional que dio aviso al 101.

Luego de disparar al joven, ambos policías volvieron a su seccional sin informar a sus superiores sobre el hecho. La intervención del fiscal Guillermo Alfredo Villalba derivó, como resultado de la investigación, que ambos involucrados fueran detenidos y desafectados por el Ministerio de Seguridad al igual que el jefe de la seccional de pertenencia, habiéndose tratado de un accionar fuera de la jurisdicción de los policías involucrados y sin que del mismo tuviera conocimiento el comisario Ledesma, a cargo por entonces de la Seccional Segunda, a la que estaban afectados ambos agentes.

“Carlitos murió por ser pobre”, escribió por esos días uno de sus entrenadores de infancia del Club Douglas Haig, “Tato” Vranken. Gran parte de la ciudadanía pergaminense eligió esconderse en el prejuicio, al tratarse de un joven de barriada humilde, como Lucas González, desinvolucrándose de sumarse al pedido de verdad y Justicia motorizado por familiares, amigos, vecinos y militantes de Derechos Humanos, que a partir de allí impulsaron no sólo la visibilización del homicidio sino además el camino de reclamo que condujo al juicio pral y público.

Ese debate se llevó a cabo en 2011. El Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 del Departamento Judicial Pergamino integrado por los jueces Guillermo Burrone, Danilo Cuestas y Miguel Angel Gaspari, dictaminó prisión perpetua para Daniel Alberto Fernández por ser hallado penalmente responsable de Homicidio Agravado por Alevosía de Carlos Quiróz, acusado de abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público.

El asesinato de Carlitos es casi un calco del de Lucas y representa a muchos otros adolescentes y jóvenes víctimas de asesinato por golpes u otros métodos de tortura, en comisarías u otros lugares de detención, fusilados por “gatillo fácil” o desaparecidos en la calle, muriendo en manos de fuerzas de seguridad, tal como recordó la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos.

Hace 12 años era mayor aún la invisibilización de episodios represivos, especialmente los que afectan a sectores sociales más vulnerables. Hoy la sociedad tiene menos margen para discriminar, prejuzgar y estigmatizar, no mirar, no atender, no preocuparse o no interesarse por la vida cuando la víctima es joven y humilde.

Lucas González, el jugador de Barracas Central y Carlos Quiróz, el futbolista de Douglas Haig, fueron víctimas no sólo de la violencia policial sino de la indiferencia de una sociedad que toscamente pone en evidencia como valúa la vida de quienes la conforman, de acuerdo al lugar donde viven y su entorno social.

A los dos adolescentes, uno en la Capital Federal y otro en nuestra ciudad, el “gatillo fácil” les arrebató no solo sus sueños sino la vida. Pasaron 12 años, pero parece que fue ayer.

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