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La pesadilla de un pergaminense sospechoso de COVID-19 en Córdoba

En un control policial le hicieron un test PCR que dio positivo. Obligado al aislamiento, estuvo cuatro días a la deriva hasta que finalmente un test serológico arrojó resultado negativo y pudo regresar a nuestra ciudad. "Espero que nadie tenga que pasar por esto”, deseó Luciano Fernández

Un fin de semana increíble e imposible de imaginar para Luciano Fernández. El pergaminense estaba camino a desarrollar sus labores como montador de silos en Los Cisnes, Provincia de Córdoba.

Había partido de Pergamino aproximadamente a las 4:30 hs. del pasado viernes 31 y el viaje transcurrió normalmente hasta que se detuvo en un control policial, en las proximidades de La Carlota. Presentó la documentación que le requerían y todo estaba en orden. Después le explicaron que por la pandemia le iban a hacer una extracción sanguínea y sin inconvenientes se puso a disposición.

Luego de unos minutos la prueba de diagnóstico de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), que permite detectar un fragmento del material genético de un patógeno, dio positivo y desde ahí comenzó su calvario.

De inmediato lo hicieron descender de la camioneta en la que se transportaba y los Bomberos lo trasladaron al Hospital San Antonio de Padua, en Río IV, donde le realizaron una tomografía para comprobar si tenía algún problema respiratorio.

Sin demasiadas explicaciones volvieron a trasladarlo, pero ese movimiento llevó mucho más tiempo del esperado porque en un principio no tenían dónde dejar a los asintomáticos.

Por último, lo bajaron de la caja cerrada de la camioneta de Bomberos para aislarlo en una “quinta de aislamiento social”, espacio que resultó ser un predio del Poder Judicial de Río IV.

Una vez en el lugar comenzó a comprender su difícil situación. Lo tendrían allí al menos tres días, sin más ropa que la que llevaba puesta y sin ningún otro elemento a su alcance más que el celular con el que fue contando esa verdadera odisea a sus familiares y amigos que lo esperaban en Pergamino.

Sin comida ni elementos de limpieza transcurrieron sus primeras horas de cautiverio. Pudo alimentarse gracias a la buena voluntad del custodio del predio que le cedió escabeche de pollo.

La noche del viernes prácticamente no durmió por la ansiedad y el desconocimiento de lo que podía pasarle, tanto el sábado como el domingo esperó sin suerte que le hicieran un hisopado -era lo que le habían anunciado-. “Estoy en un lugar muy lindo, pero lindo para estar con amigos, no sé qué van a hacer conmigo”, decía uno de los mensajes que emitió desde el aislamiento.

La incertidumbre socavó la paciencia de Luciano Fernández, que enviaba audios a sus allegados pidiendo que lo ayudaran a volver a su casa: “que me dejen ir, ya fumigaron la chata, salgo de acá y no paro más hasta Pergamino. Tengo las herramientas en la casilla, espero que no me falte nada. No me molesta estar acá, pero quiero tener mis cosas, comprar algo para comer, cosas mínimas para estar cómodo, un jabón, alcohol en gel. Hace un día que estoy con la misma ropa. Quiero que me hagan el hisopado, rápido ya sé que no tengo nada y me dio positivo porque tengo infección en una muela”, fue narrando con preocupación y desesperación.

Las horas transcurrían, le pidieron datos de las personas con las que se había contactado en Pergamino y comenzaron a llegar más aislados al predio. Primero, fueron personas sin síntomas; otros a los que sí le habían realizado hisopado.

Luego vino una ambulancia de Laboulaye y ya en la decepción, insistió pidiendo información al hospital desde donde le respondieron que era extraño que aún no le hicieran los estudios. Pensó en pedir que lo dejaran buscar su camioneta y su casilla para poder aislarse aún más en el mismo predio, por temor a que llegara alguien que verdaderamente fuera positivo de COVID-19, pero no se lo permitieron. “Me quiero ir de acá. No le deseo a nadie esto; ojalá salga todo bien. Mañana será otro día”, fue el mensaje con el que cerró el domingo.

El tan anhelado mensaje de las autoridades sanitarias llegó iniciada la semana y después de resolver algunas cuestiones burocráticas, lo volvieron a trasladar -ésta vez en un remis- al hospital donde le hicieron un test serológico, el cual permite detectar los anticuerpos producidos tras el contacto con el virus.

Después de más de 3 horas angustiantes de espera, el resultado fue negativo y recién ahí pudo emprender el retorno a Pergamino.

En el viaje de vuelta, increíblemente, tuvo problemas con las ruedas de la casilla, primero y de la camioneta después. Así que tuvieron que auxiliarlo para que pudiera llegar a nuestra ciudad.

Cuando lo hizo, llamó de inmediato al 147, donde ya conocían su situación y desde donde le explicaron que no era necesaria la realización de hisopado. “Ya estoy en Pergamino, amigos. Espero que nadie tenga que pasar por esto”, fue el mensaje con el que puso punto final a la odisea.

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