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PaciniXPacini: El periodismo deportivo en la sangre

Omar y Fernando, que no sólo llevan el mismo apellido sino que además comparten la misma pasión, eligieron a sus entrenadores preferidos, analizaron el fútbol argentino, la Selección de cara al Mundial y también la realidad de Douglas Haig

Desde pequeños, los chicos conviven día a día con el trabajo de sus padres. Como observadores silenciosos aprenden los secretos de la vocación hasta que un día, lo que empezó como un juego, se convierte en una carrera. En tiempos donde los mandatos familiares ya no son tan rígidos, el orgullo de la profesión compartida sin embargo persiste para estos padres e hijos, claros ejemplos de que la pasión y el talento se pueden heredar.

Omar y Fernando Pacini son una feliz muestra que la pasión se lleva en el ADN y en el Día Nacional del Periodista Deportivo en la Argentina, juntos, respondieron las mismas consultas para el Semanario El Tiempo.

 

-¿Qué entrenador del fútbol argentino les gusta?

 Fernando: Muchos. Empezando por (Marcelo) Bielsa, sin dudas. (Marcelo) Gallardo, (Fernando) Gago, (Matías) Almeyda, (Gabriel) Heinze, (Gabriel) Milito, (Facundo) Sava, me gustó (Abel) Balbo este año. El cuerpo técnico de Gimnasia de Mendoza es muy bueno, Matías Morales que lo tenemos acá en Pergamino dirigiendo a Racing, Cristian Simo, que está como segundo entrenador en Juventud, un DT con capacidad de mánager como Walter Dimattía u Horacio García , vecino de Colón, que ahora llega a Newell’s. Y hay muchos más. Hay jóvenes muy buenos no tan conocidos como Iván Quadrini, de Rosario y también hay entrenadores más grandes y muy sabios que tampoco tienen mucho lugar.

Creo que la variedad de estilos, la diversidad, enriquecen a una liga. Es bueno que en un mismo torneos convivan Gago y (Israel) Damonte por ejemplo. Después es cuestión de sensibilidad, qué te gusta más o menos, pero esa mezcla me parece virtuosa.


Omar: Bielsa, primero cómodo. Gago por su tozudez para defender una idea contra viento y marea. Como ganador, Gallardo, que alguna vez en la cresta de la ola quiso ser una mezcla de San Martín con Gardel y quizás exageraba, pero no estaba tan lejos en la comparación futbolera. Y el sorpresivo y sorprendente (Lionel) Scaloni que ha armado un conjunto que le responde rodeando a (Lionel) Messi, sin que Messi sea el solista absoluto de una orquesta hasta ahora bien afinada. De los de antes: (César Luis) Menotti y el (Alfio) “Coco” Basile.

 

-Patronato terminó 10º en el torneo, descendió por promedio y fue campeón de la Copa Argentina ¿Es una síntesis del fútbol argentino?

 Fernando: Si. Y es una muestra de lo injustos que son los promedios. Pero más allá de eso, es la muestra de lo fabuloso que es el fútbol argentino. A veces somos muy críticos, muy severos, con la organización, los torneos y está bien. Pero en otros aspectos, el fútbol argentino es espectacular. Patronato golea al campeón, Sarmiento va la cancha de River y cree que le va a ganar y, le gana. Hay un orgullo, un gen competitivo, guerrero, muy singular en nuestro fútbol. A mí me encanta. Y me gustaría que no busque el camino de copiar todo lo de Europa. Más bien me gustaría pronunciar los rasgos que nos distingue. Nuestro fútbol es como Diego: desmesurado, impuro, pasional, imperfecto, maravilloso.


Omar: El profesionalismo se instaló en el fútbol argentino en 1931. El primer campeonato se jugó con 16 equipos y así se mantuvo por varios años. Con el paso del tiempo se fueron agregando “innovaciones” que casi siempre fueron respondiendo a los requerimientos y las necesidades de los equipos hasta llegar tras sucesivas manipulaciones a este ridículo esquema con tantos equipos y un sistema de descensos por promedio que, dicen, va a comenzar a erradicarse. Los desatinos y arreglos del expresidente de AFA, “El ferretero de Sarandí”, Julio Grondona,  tuvieron continuidad en el actual presidente, Claudio Fabián “Chiqui” Tapia, dirigente de Barracas Central, un club siempre en las categorías menores que, ascendió vertiginosamente a primera en pocos años, hasta llegar a estos mamarrachos organizativos que parecen hechos a medida por desorganizadores seriales. Lo único rescatable es saber que en el fútbol argentino hasta el más humilde puede llegar al escalón más alto. Lo demás, en las programaciones, es patético.

   

-¿Qué posibilidades tiene la Selección en el Mundial?

Fernando: La verdad, no estoy muy al tanto del resto de las selecciones como para tener una opinión calificada. Vi a Dinamarca y me gustó mucho, vi algo de Francia con tremendos jugadores, pero un equipo no muy atractivo, Brasil siempre es candidato y creo que la Argentina tiene algunas cosas para ilusionarse, aunque creo que se está exagerando un poco. Ojalá tengan razón esas exageraciones.


Omar: Son 32 equipos. En la primera fase quedan afuera la mitad, los teóricamente más débiles. Luego se eliminan hasta el final mano a mano en un solo partido hasta llegar a la final. Es difícil un pronóstico sensato: candidatos parecidos a la Argentina hay varios: Alemania, por tradición, Francia, debilitado por lesiones, Inglaterra ¿España quizás? Y no dejar de lado a Bélgica y Dinamarca Y Brasil, porque es Brasil. En ese lote estamos hasta podemos soñar, por ahora, sin falsos triunfalismos.

 

-¿Qué opinan de la actualidad de Douglas Haig?

 Fernando: Muchas cosas. Imposible resumirlas en una respuesta. Para empezar, Douglas es una marca tremenda de Pergamino, como en otros tiempos fue Annan o algo así. En cualquier parte del país inmediatamente relacionan a Pergamino con Douglas. Ese es un capital muy grande. Sin embargo, por muchas razones, Douglas no ha podido crecer en la medida de su potencia extraordinaria. Ha habido ciclos institucionales más ordenados, otros más caóticos, pero nunca pudo consolidar un plan deportivo que aprovechara esa potencia, las ventajas geográficas de estar en el centro de una de las zonas más fértiles del mundo en cuanto a producción de jugadores, etcétera. Ojalá alguna vez suceda. Desde mi óptica, para dar ese paso, es necesaria una perspectiva diferente para la que aparentemente no hay lugar en la actualidad. Pasa que “estar en el fútbol” es muy tentador, es un ambiente que seduce a muchos. Resulta que después arman y desarman planteles, contratan entrenadores y los despiden, como si fuera un hobby o jugar al Gran DT. No es tan sencillo.

Por azar, cada tanto sale bien, pero al  final, es un modelo precario. Más todavía si el club se transforma solo en una herramienta de la política y la palabra final en la cima jerárquica no queda en el club sino en el Municipio.

 

Omar: Cuando en 1986 Douglas ganaba en un partido inolvidable jugado en Tandil, gracias a un arbitraje impecable de un señor juez Juan Carlos Crespi, al “caballo del comisario”, “el que tenía que ganar”, Olimpo de Bahía Blanca, con el gol de Daniel Castro, se abría para el fútbol de Pergamino una instancia fundacional que pondría al equipo local en una identidad asombrosa con la ciudad,  porque se hablaba de Pergamino en la Argentina e inmediatamente respondían Douglas Haig. Y durante algunos años mantuvo jerarquía y pretensiones que lo mezclaron con la elite del fútbol argentino. Acá, en Pergamino, cayeron los más grandes del Nacional B y hasta estuvo cerca, muy cerca, del ascenso a la A. Después “no sé porque siniestra suerte…”, hubiese dicho Horacio Ferrer, vinieron los altibajos, la caída y esté presente gris, donde aquella marea rojinegra que sostenía la ilusión de un mundo futbolero que incluía a propios y  extraños, se fue desdibujando hasta llegar a un hoy donde  tal vez la meta que persiga Douglas no sea la misma que soñaron aquellos “ilusos” que lo llevaron al “imposible” ascenso del ’86. Estoy seguro que si “El Piojo” (Rubén) Iriarte pudiera leer esta nota estaría asintiendo. Hoy Douglas da la impresión de ser una empresa, que apunta a un destino incierto, en el que el fútbol ha pasado a un plano secundario en el que se lamentan los que dejaron años de seguirlo a todas partes y ante la indiferencia de quienes lo gobiernan: desde adentro y desde afuera. Una pena. Pienso en ese pasado no tan lejano, lo comparó con esta realidad actual y como letra de tango “se me pianta un lagrimón”.

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